NÚMERO
40



JULIO
DICIEMBRE
2017

TEXTOS Y CONTEXTOS

El trazo zoomorfo y extendido del arte urbano en Ecatepec

The Zoomorph and Extended trace of Urban Art in Ecatepec

Resumen

En octubre de 2016 se inauguró el Mexicable. Sistema de Transporte Público Teleférico, en Ecatepec, Estado de México. Como parte de un programa estatal para la renovación urbana, incluye diversos elementos de arte urbano, incidentales y arquitectónicos, que permiten una interpretación sociológica del arte. Tal es el caso de los murales con figuras zoomorfas y fitomorfas que se pueden apreciar a lo largo del trayecto: la plasticidad de las obras se muestra integrada a la paleta cromática de las fachadas y a la movilidad del mismo teleférico, y de allí que resulte relevante el proceso cognitivo y cotidiano del transeúnte y el pasajero gracias a la apropiación del arte urbano y el espacio arquitectónico desde su cosmovisión.


Abstract

On October, 2016, Mexicable, the Telepheric Public Transport System, was inaugurated in Ecatepec, Mexico State, as part of a state plan for urban renovation. It includes diverse urban art elements, both incidental and architectural, allowing for a sociological interpretation. For instance, the murals with zoomorphic and phytomorphic figures that can be viewed along the route: these works’ plasticity is integrated with the chromatic palette on the facades and the movility inside the telepheric itself. This highlights the importance of both the passenger’s and the pedestrian’s cognitive, everyday processes, through the appropriation of this urban art and the architectural space according to their cosmovision.



Arturo Albarrán Samaniego
historiador y teórico del diseño gráfico
albarr@hotmail.com


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Introducción

En la segunda década del siglo XXI, el arte urbano en Ecatepec, Estado de México, se circunscribe a un proyecto de la iniciativa privada, el gobierno estatal y el federal, cuyo interés por instaurar una línea teleférica en esa zona propició la intervención de espacios urbanos por artistas nacionales y extranjeros. Entre ellos destacan John Pug, Guido Van Helten, Tormenta, Will, Israel Zúñiga, Farid Rueda, Alec Monopoly y Valverde.[1] Si bien la construcción de este sistema de transporte público de casi cinco kilómetros está asociado al mejoramiento social de las colonias San Clara Coatitla y San Andrés de la Cañada, el arte urbano se integra a una dinámica para consolidar la identidad del lugar y el paisaje de un entorno urbano poco inspirador desde las nuevas vistas que ofrecen las cabinas del teleférico, denominado Mexicable. Sistema de Transporte Público Teleférico.[2] Este proyecto involucró a decenas de artistas y a un equipo de apoyo logístico dirigido por el gobierno municipal.[3] Gracias a la paleta de colores aplicada en las fachadas de las casas, a lo largo del trayecto del teleférico puede verse el contraste con el paisaje urbano. Desde las alturas se aprecian muros, fachadas, techos, tinacos y “una idea de la transgresión al espacio” con propuestas de temas muy diversos en 180 casas intervenidas.[4] Tal es el caso de personajes históricos y cotidianos, reinterpretaciones de las culturas prehispánicas, diversos motivos fitomorfos y zoomorfos, composiciones geométricas y otros con estilos hiperrealistas y geométricos. En este artículo sólo se consideran los murales que exponen animales, sin importar las variantes que puedan aparecer en estilo, manufactura, ubicación y tamaño. De igual manera, no todas las obras se tratan por su impacto visual y urbano desde el teleférico, algunas se abordan debido a que utilizan el tema de los animales y por estar integradas de alguna manera a la zona de este transporte público; por ejemplo algunos murales realizados para el deportivo Santa Clara en las cercanías de la estación Hank González.

Este análisis parte de tres tipos de observación. La primera es relativa a los estudios de Rudolf Arnheim para la psicología del arte, que aluden a la identificación básica de la forma representada —figuras reconocibles por el espectador debido al aspecto figurativo que éstas presentan. En segunda instancia está la observación de murales con neologismos relativos a lo mexicano —aquellos asociados a los estereotipos de los mitos mesoamericanos, en cierta manera una construcción de escenas prototípicas del arte prehispánico. En tercer lugar está la observación de la forma estética en términos de Hermann Weyl, que está presente en todas aquellas configuraciones valoradas por los efectos de la forma y las habilidades técnicas y proyectuales del discurso pictórico. Después, en función de la abstracción como proceso cognitivo, se establecerán criterios para diferenciar dos etapas importantes en la apreciación de los murales: la identificación de formas genéricas y la determinación de atributos periféricos, estos últimos detonantes de adjetivos y juicios de valor. Más adelante se considerará la lectura del espacio en término de Erwin Panofsky, es decir, tanto la cualidad de la configuración del mural como del discurso móvil dado por la operatividad del transporte teleférico, factor externo que también da pauta a la interpretación del arte urbano en Ecatepec, o dicho de otra manera, una forma, siguiendo a Graciela Schmilchuk, de interpretar sociológicamente los murales.


De la percepción visual a la observación contemplativa de los murales

Uno de los aspectos más relevantes del arte urbano en Ecatepec es el uso de entidades zoomorfas estilizadas, abstractas y figurativas, entre las que destacan mamuts, mariposas, serpientes, tiburones, elefantes, jaguares, lobos, águilas y peces. Se agregan elementos complementarios como secuencias de formas geométricas, texturas y colores —en degradados y áreas uniformes—, sin algún significado aparente más que el propio orden de los módulos, ya sea en formaciones horizontales, curvas o con efectos cromáticos basados en los principios de semejanza tonal y primarios dominantes.[5] En dichas obras hay figuras reconocibles por la misma familiaridad del objeto, tal es el caso de flores, edificios, cactáceas, automóviles, rocas, montañas y otros perfiles fitomorfos adjuntos al protagonismo de los animales y en otros casos subordinados a su figura salvaje, por momentos agresiva. Algunos elementos accidentales pertenecen a la misma estructura arquitectónica del lugar: tinacos, tubos, árboles, cables, ventanas, mallas ciclónicas, mangueras, cornisas, techos de lona, antenas, tendidos de plástico, bardas, lazos, láminas de metal, varillas de construcción, postes y piedras, entre otros. Esta condición espacial no obstaculiza la apreciación de la obra, sino que la enriquece con aspectos compositivos, al parecer espontáneos y propios del discurso urbano. Aunque esto pudiera parecer sólo una valoración circunscrita al plano de la representación bidimensional del mural, estos objetos, hasta cierto punto transgresores del espacio entre la obra y el espectador, propician un sentido tridimensional y cotidiano en el arte urbano y refieren a la habitabilidad de la ciudad.

La abstracción de figuras zoomorfas, como uno de los principios formales de estos murales, no sólo incluye la exposición de segmentos y rasgos que identifican a la especie y al efecto de la piel, la osamenta, inclusive a la imitación de su movimiento, también favorecen la producción de silogismos por parte del espectador. Estas figuras no sólo se derivan de una expresión plástica dada por la articulación natural de extremidades y gestos intimidatorios propios de estos animales, como el vuelo de las aves en la nopalera, el gruñido del lobo y la mirada del águila —ambos en La Cañada—, o la amenaza de las fauces del tiburón cerca de la estación Fátima, también la percepción de los murales permite la asociación de los animales con adjetivos calificativos según la puesta en escena (figura 1).

 


Figura 1. Riper y Yaleri, sin título, 2016, aerosol y pintura acrílica, 2.10 x 17.3 m.

En este sentido, a partir de lo expuesto en los murales se puede asociar una proposición en términos de la segundidad del interpretante,[6] de ahí el ave rapaz, el lobo agresivo, el águila vigilante, la mariposa sutil, entre otros. Por otra parte, esta construcción de silogismos también se muestra con varias adecuaciones de figuras mesoamericanas, que derivan de personajes míticos, como es Quetzalcóatl, en cuyas soluciones emplumadas hay diversidad cromática o aparece revestido de una textura rocosa, como en los realizados para el deportivo Santa Clara. En este caso el silogismo está conformado por esa recuperación de la estampa de Quetzalcóatl, las rosas y la idea la mexicanidad, no para simbolizar un sentido religioso del arte urbano, sino para referir a la identidad nacional (figura 2). Otro ejemplo de este tipo de silogismos se muestra en el humanoide con cuerpo de serpiente y cabeza de búho —con largas plumas— cerca de La Cañada, cuya posición —al parecer detrás de algunos tinacos pintados con flores en tonos violetas— alude a la feminidad (figura 3).



Figura 2. Nalah, sin título, 2016, aerosol y pintura acrílica, 2.10 x 5.25 metros.



Figura 3. Seek, sin título, 2016, aerosol y pintura acrílica, 6.10 x 4.8 metros.


No todos los ejemplos apuntan a este tipo de deducciones, también se observan otros que requieren de un tratamiento diferente porque no se tiene un simbolismo en particular, sino una solución plástica derivada de la configuración formal y cromática de la obra . Tal es el caso de los cráneos de mamut de Didier en el deportivo Santa Clara —cerca de la estación Hank González—, que muestra una secuencia de cráneos a manera de una reflexión especular; [7] resalta de ahí el anamorfismo de los huesos, la curvatura entrelazada de los cuernos y una secuencia rítmica de rombos concéntricos a dichas cabezas sin contenido aparente más que el efecto del color, el movimiento y la superposición (figura 4). Otro ejemplo de esto es el mural rojo de flores y mariposas de Areuz sobre dos edificios habitacionales en la calle de Morelos, en la Colonia Santa Clara; la monumentalidad, las estructuras circulares con múltiples planos de profundidad, el detalle de los elementos fitomorfos, las secuencias de achurados y la sutileza en los cambios de tonalidad representan algunos de los principios para su valoración artística (figura 5).[8]



Figura 4. Didier, sin título, 2016, aerosol y pintura acrílica, 2.80 x 14.10 m.



Figura 5. Areuz, sin título, 2016, pintura acrílica, 14 x 6 m.


En el caso del mural de peces en naranja y azul del Dr. Kumbia y Sereo, también en el deportivo de Santa Clara, se observa una metáfora,[9] puesto que dichos animales, aun con las correspondencias zoomorfas, aluden a un cambio de ambiente por la trayectoria que siguen a un entorno superior, tal vez un indicativo a la entonces nueva ruta del teleférico que permite a los pasajeros trasladarse por vía aérea. Esto se deduce por el entorno arquitectónico con almenas y por el efecto de velocidad generado por los restos de agua, del que resultan formas azules y alargadas a manera de gotas que caen desde las aletas caudales (figura 6).

Así pues, estas obras del arte urbano en Ecatepec pueden organizarse de manera inicial en estos tres grupos de silogismos: de las posturas naturales de animales, de las atribuciones simbólicas (por implicaciones del adjetivo) y de las propuestas a la simple belleza de la composición. Esta manera de distinguir los atributos es resultado de un proceso de abstracción del espectador que, en su calidad de transeúnte o pasajero, no está en contacto con el artista ni con sus ideas sino con el resultado plástico, con su propia cosmovisión y las propiedades formales de cada una de las estructuras artísticas.



Figura 6. Dr. Kumbia y Sereo, sin título, 2016, aerosol y pintura acrílica, 2.10 x 11 m.

Esa asimilación cotidiana de las obras se explica también a través de la percepción de los “continentes” o “atributos generativos”, términos que emplea Rudolf Arnheim para denominar a aquellos elementos que permiten la identificación de algo, en este caso rasgos comunes a grupos de cosas e imágenes.[10] De ahí la clara posibilidad de percibir formas “continentes” en el arte urbano como elefantes, serpientes, mariposas, peces, tiburones, lobos y búhos, considerados en esta primera etapa sin alguna otra valoración más que la simple identificación del precepto, la taxonomía en el reino animal y en el acervo lingüístico. Por ello la posibilidad de una decodificación inicial de los murales de Ecatepec, ya que muestran principios que facilitan la asociación de la forma a grupos más específicos y a condiciones básicas que detonan adjetivos como muerto, vivo, bello, atento, femenino, creativo, sutil, entre otros. Sin embargo, también las acciones son propias de esta percepción de los animales como “continentes” y de esa lógica de la locomoción y la reacción natural de la especie, tal es el caso de amenazar, contornear, volar, comer, nadar, vigilar, posarse, atacar o gruñir, entendidos como pautas para dar sentido a la idea del “continente”, no sólo en términos de su estructura formal sino también en función del movimiento propio de la especie.

Como segunda instancia, en este proceso de percepción visual se encuentran los “tipos”,[11] término que usa Arnheim para referirse a la especificidad de la forma, que sirve para adentrarse al pensamiento contemplativo, a la apreciación estética de la obra.[12] Los “tipos” o “atributos periféricos” no son otras pinturas, sino elementos adyacentes a la asimilación de los “continentes”, aquellos que propician la asignación de valores y el uso de categorías, que a su vez permiten al observador establecer juicios y puntos de vista al respecto. Son ejemplo de ello las categorías de lo artístico, lo mexicano, lo monstruoso, lo urbano, por mencionar algunos, permeados de la observación y opinión de procesos técnicos y proyectuales de la ilustración, la estilización de las figuras, los estereotipos empleados y el sentido sensible que brindan los murales. En este sentido, los “tipos” representan aquellos rasgos particulares, es decir, los atributos y las características que aparecen en una obra determinada, representación o sujeto en particular, adaptados a su vez al estilo de la obra y que pueden pertenecer a otras piezas. Tal es el ejemplo de la textura y la curvatura en los colmillos del mamut de Didier, o la angularidad del elefante de Farid Rueda, ejemplos del dominio de la técnica y lo artístico (figura 7). El emplumado rojo y el movimiento del Quetzalcóatl de Nalah y la textura en roca del Quetzalcóatl de Stroke, así como las aves en la nopalera, son elementos artísticos en términos de lo mexicano (figura 8).



Figura 7. Farid Rueda, sin título, 2016, pintura acrílica, 7 x 5.5 m.



Figura 8. Stroke, sin título, 2016, pintura acrílica, 2.10 x 12 m.


La mímesis del amarillo y violeta en la mariposa de Kiper y Yaleri y los peces saltantes del Dr. Kumbia son muestras de la monumentalidad y lo urbano. Y la secuencialidad de las mariposas de Areuz y la sutileza del personaje femenino y emplumado cerca de La Cañada resultan ejemplo de lo monstruoso,[13] esto en términos de la dimensión, la creatividad y la audacia para la recomposición de personajes.

Es importante referir, como tercera instancia, al plano figurativo de estas obras, espacio en el que las pinturas se muestran en diferentes grados de tridimensionalidad y en encuadres que las circunscriben no sólo a los muros sino también a acercamientos y vistas panorámicas. Esas “ventanas”, que alude Erwin Panofsky como puntos de vista del autor,[14] son una consideración a la misma propuesta creativa, un marco de referencia por donde mira el espectador el efecto de profundidad dado por el artista. De esta manera, se observa el plano cerrado del mamut de Didier, el medio plano de los Quetzalcóatl de Nalah y de Osher, la bidimensión del elefante de Farid Rueda, el close up y contrapicada del tiburón cerca de La Cañada y, en esa misma estación, un conjunto de animales de Tormenta, por mencionar algunos (figura 9).



Figura 9. Tormenta y Will, Ascensión de los caídos, 2016, aerosol y pintura acrílica, 9.6 x 15 m.


Es necesario advertir que los acercamientos tienen efectos en la percepción del observador, esto en término del “equilibrio psicológico”,[15] según Arnheim: una lectura dada al plano de lo físico y el sentido natural de la representación. De ahí la relevancia del close up de las fauces del tiburón, en cuya apreciación se subordina la estructura básica del “continente” por la relevancia del “tipo”, como la apertura de su boca y el tono gris del pez, y se enfatiza por el efecto de cercanía, movimiento y monumentalidad del ataque (figura 10). Otro caso relevante de esas “ventanas” son los murales de Kiper, Yaleri, el Dr. Kumbia y Sareo, en cuyos encuadres presentan múltiples gradientes de profundidad, pero sólo en la forma de la superposición de planos —a manera de principio de infinidad— y no en los gradientes lumínicos que siguen una paleta específica de color.



Figura 10. sin título, 2016, aerosol y pintura acrílica, 20 x 13 m.


Monstruosidad de la escala pictórica y vistas panorámicas del transporte público

Tras plantear la conformación de estructuras básicas de los “continentes”, los “tipos” y la ilusión de profundidad, y de considerar la pauta inicial de una observación contemplativa,es importante atender la relevancia de la monumentalidad y el espacio arquitectónico como elementos compositivos. Esto en términos de los aspectos cualisígnicos —“plástico-sensibles”— producidos por la escala,[16] no siempre vistas en su totalidad por el transeúnte o el pasajero del transporte público debido al ángulo de visión y la distancia generada entre ambos. Entonces, la condición del tamaño de la obra, como aquellas del Deportivo Santa Clara —de tres a ocho metros de alto y hasta 45 metros de largo— y aquellos ejemplares vistos desde el teleférico —de la envergadura de un edificio de cuatro niveles—, sí impacta en la apreciación artística porque genera supuestos relativos tanto a los procesos de proyección de la imagen como a las estrategias pictóricas para la obtención de ciertos efectos visuales. Y es justo ese supuesto, en su estrategia proyectual, lo que se asimila por el espectador y “mistifica” al artista, esto en términos de la “hipótesis visual de genio”,[17] expresión propuesta por John Berger para señalar a lo percibido por el espectador y aludir al modo en el que éste complejiza los procesos técnicos y reproductivos de las obras. Esta condición que advierte Berger es propia de la apreciación artística y en realidad no depende tanto de la idea plástica del artista, sino de la respuesta del espectador que percibe sus condiciones más claras, en este caso la monumentalidad como condición de lo artístico. Así, pues, la escala que se maneja en el arte urbano de Ecatepec se integra a la observación contemplativa, en cuya sensación no se deja fuera la impresión de ser pequeño frente a una obra de tal envergadura. De igual manera resulta la contemplación de los soportes; la habitual verticalidad de los muros se observa fragmentada por el uso de techos y tinacos, como el citado mural del tiburón, que además acentúa su efecto visual por aparecer por debajo de la trayectoria de las cabinas del teleférico. Esta situación se observa también en el mural rojo de Areuz sobre el costado de un edificio habitacional, del que resalta el efecto visual de la monumentalidad y el detalle de las figuras zoomorfas y fitomorfas que lo integran. Es particular la secuencia de los trazos entre los dos edificios y las ventanas, las líneas de contorno y de achurados para el volumen, las sombras esbatimentadas de las flores y las mariposas sobre un enorme soporte en rojo que coincide con el mismo ángulo de la luz natural en una superficie de aproximadamente 160 metros cuadrados.[18] Lo mismo sucede con el mural cerca de la estación La Cañada, que presenta un personaje monumental compuesto de partes de animales y humanas con cerca de nueve metros de ancho por cinco de alto. El personaje, al costado de una casa-habitación, muestra algunos elementos antropomorfos que indican un sentido de recato y delicadeza, en particular gracias al cruce de sus brazos sobre la simulación de sus piernas representadas como una serpiente. De él sobresale la cabeza de unbúho, cuya mirada cae sobre el hombro derecho, al igual que sus plumas en azul y verde extendidas por detrás de la cabeza y el torso; el resto es una imitación de escamas en colores similares. La monumentalidad de esta obra impacta aún más por la secuencia de tinacos que, pintados con los mismos tonos y con figuras fitomorfas, representan la ruptura de la bidimensión y el detonante de más planos de profundidad; situación que explica Rudolf Arnheim por medio del volumen y la secuencia ordenada de gradientes.[19]

Ahora bien, la discusión sobre los murales en Ecatepec debe tratarse no sólo desde los parámetros del transeúnte, que de manera ocasional se confrontará con ellas, sino también desde un punto de vista derivado del transporte público, en particular las cabinas del teleférico. Esta dinámica, condicionada a factores como altura, velocidad, ángulo de visión, sentido del asiento y otros más asociados a los distractores, ofrece una apreciación de los murales muy diferente a las vistas del transeúnte o del transporte terrestre. De hecho, aunque esta galería urbana tenga implícitas políticas estatales, el paisaje urbano de Ecatepec desde la vía teleférica simula una visita guiada, puesto que el tiempo, el encuadre y el recorrido tardan tanto como lo determine el desplazamiento de la cabina. Podría hablarse de una planeación de los murales a partir de la línea del teleférico, incluso se identifican dos perspectivas dadas sólo por la selección del asiento, situación que permite al pasajero ver algunos murales en la ida y otros a su regreso. Se muestran en ángulos perceptibles a la ruta del teleférico y a la vista del transeúnte en las fachadas de las estaciones, las bases de los postes del mismo teleférico, los techos, las bardas y los frentes de edificios, casas-habitación, almacenes y otras construcciones. En esta coparticipación entre políticos y artistas urbanos se observa la inclusión de otros ciudadanos, cuya afinidad o convenio con los programas estatales y los posibles patrocinios arrogaron al ambiente otros elementos compositivos a la propuesta plástica de los murales. Puesto que en numerosas fachadas de la zona se ve la aplicación de una paleta de color, el efecto visual se mantiene a lo largo de la línea del teleférico y se generan ritmos en los que sobresalen los tonos verdes, violetas, morados y amarillos. Este panorama cromático se replica en un mural de Riper y Yaleri en el Deportivo San Clara, en cuya escena aparece con claridad una recreación de las vistas del teleférico; inclusive se reproduce una estación de ese transporte y una cabina del mismo junto a una secuencia cuadrangular formada por variadas edificaciones con correspondencias de color entre sí, todos estos a manera de gradientes de profundidad (figura 11).



Figura 11. Riper y Yaleri, sin título, 2016, aerosol y pintura acrílica, 2.10 x 17.3 m.


Conclusión

El arte urbano no siempre surge por causas sociales, aunque en muchas ocasiones los murales se observen plasmados en espacios urbanos casi indiferenciados en lo que corresponde a su condición de ciudad. Ya sea como resultado y muestra de los problemas sociales o como testimonio de un programa para la reconstitución social, la definición del arte urbano se ve contrastada entre las diversas opiniones de sus autores. Algunos apuntan a la relevancia de la clandestinidad, al sentido del marcaje del territorio o a la simple exhibición de la obra contrastada con el gris de los muros. Esto se observa en el oriente de la Ciudad de México, donde los flancos del sistema de transporte Metro Férreo y otras edificaciones aledañas están revestidas del trabajo de Axólotl . Semanas después se vio el trabajo de otros que parecían reclamar el espacio de los “renacuajos”. Sus propuestas ocultaron a la anterior. Algunos más, como los participantes en este proyecto de Ecatepec, decían sentirse comprometidos con una sociedad problematizada por la delincuencia;[20] otros sólo argumentaban “mi estilo es así y éste no será la excepción”, como Farid Rueda.[21] Como sea, los murales están allí para el transeúnte y el pasajero, cuya opinión y recepción no debe ser menos importante, como tampoco la inclusión de este fenómeno del arte urbano en la historia del arte contemporáneo. De ahí la relevancia de su estudio no sólo en el ámbito de lo estilístico y de ese genio del autor, sino en su valoración desde el espectador, como afirma Graciela Schmilchuk, y en ese sentido, de la “interpretación sociológica” del arte. [22] 





Bibliografía

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Fuentes electrónicas

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Martín del Campo, Diana, “Murales Teleférico Ecatepunck”, en YouTube, 17 de octubre de 2016, <https://www.youtube.com/watch?v=CG59WgpWZ64>. Conulta: 3 de marzo, 2017.

Tapia, Deyanira, “Entrevista a Farid Rueda, artista urbano, pintor en el programa arte urbano en Ecatepec”, en YouTube, 21 de mayo de 2016, <https://www.youtube.com/watch?v=-330Xw6R71c>. Conulta: 3 de marzo, 2017.



Semblanza del autor

Arturo Albarrán Samaniego. Diseñador gráfico por la Facultad de Artes y Diseño, maestro y doctor en Historia del Arte por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es profesor investigador en la Escuela de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, pertenece a la Académica del Área de Teoría y Análisis y a la Academia del posgrado en Teoría Crítica del Diseño. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt y autor del libro Por donde todos transitan. La ciudad de México en las páginas de El Universal (1920-1930), editado por la Secretaría de Cultura.



Recibido: 6 de abril de 2017.
Aceptado: 6 de junio de 2017.

Palabras clave
arte urbano, iconografía, pintura mural, percepción visual.

Keywords
urban art, iconography, mural painting, visual perception.

 

[1] Abigail Gómez, “Mexicable. Un transporte con arte”, El Universal, México, 5 de agosto de 2016, <http://www.eluniversal.com.mx/articulo/periodismo-de-investigacion/2016/08/15/mexicable-un-transporte-con-arte#imagen-1>. Consulta: 27 de febrero, 2017.

[2] Emilio Fernández, “Pintan mural de Frida Kahlo en Mexicable”, El Universal, México, 15 de diciembre de 2016, <http://www.eluniversal.com.mx/articulo/
metropoli/edomex/2016/12/5/pintan-mural-
de-frida-kahlo-en-mexicable
>. Consulta: 27 de febrero, 2017.

[3] “Los fabulosos murales que quieren transformar la vida en Ecatepec”, MXCITY, <http://mxcity.mx/2016/12/murales-ecatepec/>. Consulta: 3 de marzo, 2017.

[4] “Artistas urbanos bañan de color Ecatepec con 50 murales”, Notimex, México, 16 de noviembre de 2016, <http://www.unotv.com/noticias/estados/
estado-de-mexico/detalle/artistas-urbanos-banan-
de-color-ecatepec-con-50-murales-941254/
>. Consulta: 3 de marzo, 2017.

[5] Rudolf Arnheim, Arte y percepción visual. Psicología del ojo creador, Madrid, Alianza, 2001, p. 331.

[6] Humberto Chávez, “Introducción al campo semiótico”, clase presentada en el Seminario Educación, Arte y Signo, México, Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas, Instituto Nacional de Bellas Artes, 29 de febrero de 2016.

[7] Hermann Weyl, Simetría, Madrid, McGraw-Hill, 1991, p. 31.

[8]  Omar Calabrese, Cómo se lee una obra de arte, Madrid, Cátedra, 2001, p. 17.

[9]  Néstor Sexe, Diseño.com, Buenos Aires, Paidós, 2004, p. 123.

[10] Rudolf Arnheim, El pensamiento visual, Barcelona, Paidós, 1998, p. 188.

[11] Ibidem. , p. 189.

[12] Adolfo Sánchez Vázquez, Invitación a la Estética, México, Grijalbo, 1992, p. 106.

[13] Edmundo O’Gorman, “El arte o la monstruosidad”, en Seis estudios históricos de tema mexicano, México, Universidad Veracruzana, 1960, p. 220.

[14] Erwin Panofsky, Perspectiva como forma simbólica, Barcelona, Tusquets, 1995, p. 7.

[15] Rudolf Arnheim, Arte y percepción visual, op. cit., p. 29.

[16] Victorino Zecchetto, “Charles Sanders Peirce 1839-1914,” en Seis semiólogos en busca del lector, Buenos Aires, La Crujía, 2005, p. 63.

[17] John Berger, Modos de ver, Barcelona, Gustavo Gili, 2001, p. 22.

[18] Rudolf Arnheim, Arte y percepción visual, op. cit., p. 223 y 305.

[19] Ibidem , p. 223.

[20] Diana Martín del Campo, “Murales Teleférico Ecatepunk”, en YouTube, 17 de octubre de 2016, <https://www.youtube.com/watch?v=CG59WgpWZ64>. Consulta: 3 de marzo, 2017.

[21] Deyanira Tapia, “Entrevista a Farid Rueda, artista urbano, pintor en el programa arte urbano en Ecatepec”, en YouTube, 21 de mayo de 2016, <https://www.youtube.com/watch?v=-330Xw6R71c>. Consulta: 3 de marzo, 2017.

[22] Graciela Schmilchuk, “Recepción artística”, en Recepción artística y consumo cultural, México, INBA, 2000, p. 245.