Á G O R A • • • • • •
 

Christoph Haizmann
La segunda aparición del Demonio • portada del libro
"A Seventeenth-Century
Demonological Neurosis"
de Sigmund Freud, 1923.

 

 

Documentar el testimonio como
obra artística. En recuerdo del pintor Christoph Haizmann


Sigmund Freud da noticias sobre este pintor bávaro en su texto “Una neurosis demoniaca en el siglo XVII”, en Obras completas, volumen XIX, Argentina, Amorrortu, 1990.

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MANUEL CENTENO BAÑUELOS PINTOR
Investigador del Cenidiap
arturobanuelos@gmail.com




En nuestros días, lo “nuestro” ya no nos pertenece del todo ya que la pertenencia nos es ajena en parte. Lo dado está perdido parcialmente. Uno-mismo ficciona el nombre propio. Sujeto y predicado cumplen sus funciones relacionales a falta de la correspondiente copulación, pues en el principio era el verbo. Esto es patente. La muerte lo prueba, no el muerto. La testabilidad da prueba de lo que se afirma y se niega. La prueba muestra ad ocúlos. La cosa es que tal cosa incoherente poco prueba. Se trata, entonces, de un hecho cuestionable por derecho. El Testimonium hace falta, no es que falte y el documentum lo hace patente en tanto documento sibi aliquem habere-tomar a uno como ejemplo. El acta de nacimiento documenta el acta de defunción testimonial. Esto es patente.  

De gramma-línea, grammata-carácter, grammaticus-literato, grammmatophorus-mensajero, grammatophylacium-archivero, graphicon-dibujo y grahim-punzón. De documentarum docere-lección escrita, del griego dokin-raíz, de su raíz-dok, doctoris-maestro, dotor-doctor. A falta de libro-Biblión, docere. Esta es una línea, entre otras, que establece otras relaciones cercanas, lejanas y también de oposición entre palabras que dan testimonio con cierta dosis de misterio documental. Establecer relaciones documentales es tarea del maestro, del dotor. En términos generales hay cierto carácter: los documentalistas utilizan batas blancas para tratar la salud de sus pacientes documentos y según “el cuadro enmascare otra cosa, el diagnóstico se dará”. Así dijo el dotor. Por cierto, “Con todo, ningún motivo puede ser llamado indescomponible, puesto que un ejemplo tan sencillo como éste: ‘un dragón se lleva a la hija del rey’ comprende al menos cuatro elementos, cada uno de los cuales es conmutable con otros (‘dragón’ con ‘brujo’, ‘huracán’, ‘diablo’, ‘águila’, etcétera; ‘rapto’ con ‘vampirismo’, ‘poner a dormir’ etcétera; ‘hija’ con ‘hermana’, ‘prometida’, ‘madre’ etcétera; por último, con ‘príncipe’, campesino’, ‘sacerdote’, etcétera)”.(1) Entonces, entre un documento y otro en tanto objeto artístico hay relaciones aun cuando sean diversas.

Hay relación patente: el origen etimológico de la palabra Testimonium no ha sido aclarado del todo. No obstante, está documentado que el latín testes, plural de testis, quiere significar testigo. Testis manifiesta, pues, la asistencia en un litigio como tercer elemento entre dos en pugna. En sentido cercano testamentum domini asini es interpretado como el asno que lega a la viuda su priapeum pues sugiere que el tripalium en tanto tridente se utiliza para torturar al buey, al esclavo y al trebajo del trabajador porque se refiere al tripaliare. Respecto al priapeum, el dios Príapo interpela al lector y también protege a los huertos con su atributo tridente-tripaliare. Por otra parte, el Decálogo bíblico prohíbe el testimonio falso. Por excelencia, el Testimonio es la Ley. El paratestimonio significa junto a, al margen de y en contra de. De alguna manera la literatura testimonial está interdicta por el testigo y el documento que dan fe de un acontecimiento en conflicto. Testifare indica, pues, que el testigo-hace. Tal vez el Testimonio sea un efecto de algún acto mítico y mágico que se desliza en el discurso de los relatos de una manera misteriosa. Del testimonium: non liquet. Así, quedaría el testimonio interdicto en tanto que también está supuesto por el tótem y el tabú. En todo caso, si testis unus, entonces, testis nullus. Dicho de otro modo,

Sería, pues, ilusorio imaginarse, como tantos etnólogos e historiadores del arte siguen haciéndolo todavía hoy, que una máscara y, de manera general, una escultura o un cuadro, pueden interpretarse cada cual por su cuenta, por lo que representan o por el uso estético o ritual al que se destinan. Hemos visto que, por el contrario, una máscara no existe en sí; supone que habrían podido ser escogidas para ponerlas en su lugar. Discutiendo un problema particular, esperamos haber mostrado que una máscara no es ante todo lo que representa sino lo que transforma, es decir elige no representar. Igual que un mito, una máscara niega tanto como afirma; no está hecha solamente de lo que dice o cree decir, sino de la que excluye.(2)

Por asociación de ideas: charassó-grabar, cracallis-capucha y del árabe mácjara-máscara, se juega un poco con lo que se disfraza. Y, de vez en vez hay disfrasia o sea dys-phrazó, disociación en el enlace con las ideas y las palabras.

Bien, la lógica simbólica en el pensamiento salvaje procede por clasificación y asociación de elementos endógenos y exógenos que incluyen y excluyen, por estructura, la función entre diacronía y sincronía. El sistema establece, así, relaciones antitéticas porque el pensamiento salvaje no puede impedirlo. Es patente. Las operaciones intelectuales operan, en el pensamiento salvaje, por un instrumental metonímico y metafórico; así que la permutabilidad en el pensamiento salvaje pone en juego, por suposición, la inevitable alternancia (-, +), (0, 1). En todo caso “El pensamiento salvaje ahonda su conocimiento con la ayuda de imagines mundi. Construye edificios mentales que le facilitan la inteligencia del mundo, por cuanto se le parecen. En este sentido, se ha podido definir como pensamiento analógico”.(3) Los testimonios están documentados, a la vista, aunque por ejemplo, es cierto que el pensamiento salvaje pintó, al fondo de la caverna, representaciones simbólicas que no son para comunicar ni expresar, sino para hacer manifiesto el testimonio documental de que el arte no es para todos. Se trata, pues, de una lógica simbólica que hoy en día muy pocas personas permiten que se ejerza comunitariamente. Paradojas del Testimonium documentado. Que perdonen el lector y Zeus en tanto “Diríamos que entre los primitivos el pensar está todavía sexualizado en alto grado; a esto se debe la creencia en la omnipotencia de los pensamientos, la confianza inconmovible en la posibilidad de gobernar al mundo y la impermeabilidad a las experiencias, fáciles de hacer, que podrían alcanzar a los seres humanos sobre su real posición dentro del universo”.(4) La obra artística en su carácter testimonial, documental, mágica y misteriosa, patenta sin duda cierto animismo primitivo que alcanza hoy en día a las funciones intelectuales contemporáneas, en tanto salvajes que somos. Y es que:

Solo en un ámbito, el del arte, se ha conservado la “omnipotencia de los pensamientos” también en nuestra cultura. Únicamente en él sucede todavía que un hombre devorado por sus deseos proceda a crear algo semejante a la satisfacción de sus deseos, y que ese jugar provoque —merced a la ilusión artística— unos afectos como si fuera algo real y objetivo. Con derecho se habla del ensalmo del arte y se compara al artista con un ensalmador. Pero acaso esta comparación sea más sustantiva de lo que ella misma pretende. El arte, que por cierto no empezó como l’art pour l’art, estaba en su origen al servicio de tendencias que hoy se han extinguido en buena parte. Entre ellas, cabe conjeturar toda clase de propósitos mágicos.(5)

Que se explane en términos aceptables a fin de que el supuesto profano admita algún día que el hypothémenoi-supuesto no impida el procedimiento de la exhypothéseos-expresión del discurso, en parte transmisible, ya que alguna proposición en tanto arché anypóthetos-principio no-supuesto bajo katá ten hipothesim-acuerdo permite, si exarchés hypotithémeta-lo que desde un principio se verifica como alethéia-no verdad, no sea rechazada, aun cuando se devele la lethéia-verdad del testimonium et docere. Es que, con un poco de amor a la verdad —filosófica— y si restara otro poco de odio, el lector aceptaría, por supuesto, conocer respecto a una causa necesaria o esencial, quizá eficiente o final, la causa material y formal del testimonium-docere. Ahora, en este caso, atribuido a la obra artística con carácter-charassó y caracalla-capucha testimonial respecto a su condición documentaria, en la supuesta obra artística tá aphanéa kai aporeómena-están las cosas invisibles y enigmáticas tal que tá metéora-está en lo alto y táhypó gen-bajo la tierra, el supuesto. El Testimonium, en su carácter de objeto artístico documentado, posee cierta dosis de prophaino-muestra, llevada a la luz.

Prestar, entonces, atención cuidadosa al documento artístico en tanto testimonio anima al espíritu del investigador pues se trata de una anticipación de la realidad representativa que pertenece, de antemano, a la posibilidad de establecer magnitudes determinantes por derecho y, hacen de hecho, enlaces conceptuosos según encadenamientos y redes discontinuos e incompletos respecto a la obra artística. Que no se acepte tal realidad se justifica, sin embargo, porque “El primitivo no está inhibido, el pensamiento se traspone sin más en acción; para él la acción es, por así decir, más bien un sustituto del pensamiento; y por eso yo opino, aun sin pronunciarme acerca de la certeza última de la decisión, que en el caso que ahora examinamos uno tiene derecho a suponer: ‘En el comienzo fue la acción’”.(6) Esto es patente y, no obstante, hoy en día, sin pensar la acción se impone sobre el ser de la acción del verbo: lo meramente efectivo. Y, en efecto, si este trabajo le produce al lector cierta enojosa lectura, tiene por derecho abandonar de hecho este discurso, ya que puede encontrar, con facilidad, ligeras exigencias intelectivas. En fin, sirva la parodia siguiente: el trabajo por el cual el mismo sujeto se autoriza para dar testimonio, es distinto del trabajo del que el sujeto recibe permiso para ser documentado, o no.(7)

 

 

Bibliografía

Abbagnano, Nicola, Diccionario de filosofía, México, Fondo de Cultura Económica, 1974.

Braunstein, Néstor A., La memoria, inventora, México, Siglo XXI, 2008.

De Certeau, Michel, La escritura de la historia, México, Universidad Iberoamericana, 2006.

Freud, Sigmund, Tótem y tabú, Argentina, O.C. t. XIII, Amorrortu editores, 1991.

Foucault, Michel, Las palabras y las cosas, México, Siglo XXI, 1976.

Lan, Eggers, Conrrado, Hipócrates. De la medicina antigua, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1991.

López, Martínez, de M.D.P., Diccionario Latino-Español, México, Valbuena, 1900.

Lévi-Strauss, Claude, Antropología estructural, México, Siglo XXI, 2008.

-------- El pensamiento salvaje, México, Fondo de Cultura Económica, 2009.

-------- La vía de las máscaras, México, Siglo XXI, 2009.

 

Notas

1. Claude Lévi-Strauss, Antropología estructural, México, Siglo XXI, 2008, p. 115.
2. Claude Lévi-Straus, La vía de las máscaras, México, Siglo XXI, 2009, p. 124.
3. Claude Lévi-Strauss, El pensamiento salvaje, México, Fondo de Cultura Económica, 2009, p. 381
4. Sigmund Freud, Tótem y tabú, Argentina, Amorrortu, 1991, p. 93
5. Ibidem, pp. 93-94.
6. Ibid., p. 162.
7. Michel De Certeau, La escritura de la historia, México, Universidad Iberoamericana, 2006, p. 290.

 

 

Christoph Haizmann
La segunda aparición del Demonio • portada del libro
"A Seventeenth-Century
Demonological Neurosis"
de Sigmund Freud, 1923.


Christoph Haizmann
Quinto retrato del Demonio