E N T O R N O • • • • • •
 

Manuel Centeno Bañuelos
Doble fantasía
1986, acrílico sobre tela.
 

 

Manuel Centeno. Una propuesta epistemológica


A partir del concepto de diagrama formulado por el filósofo francés Gilles Deleuze, la autora del texto explora algunas de las características en la obra del artista plástico Manuel Centeno (ciudad de México, 1950).

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ADRIANA ZAPETT HISTORIADORA
Investigadora del Cenidiap
azapett@hotmail.com


Tratar de forma convencional el análisis historiográfico de la obra de un artista me generó la inquietud de crear paralelismos y discontinuidades entre la semblanza que lo legitima y la complejidad de su mundo ficcional, pues esta coexistencia alude a lo múltiple del acto creativo.

En el aspecto teórico me guío, como punto de partida, por el concepto de diagrama propuesto por Gilles Deleuze, quien por una parte lo explica como la teoría que formula el transporte de relaciones e interacciones entre códigos analógicos y digitales en el que se plantea lo actual como un caos virtual, y por otra como un tipo de construcción o modelo para analizar los elementos de similitud, articulación y modulación en la pintura.

En particular, haré referencia al pintor Manuel Centeno, quien desde mi punto de vista realiza una serie de propuestas abstractas con un trasfondo teórico. Este artista diferencia la sensibilidad que hace referencia a lo trascendental de la sensación que tiene que ver con la percepción empírica.

Como sujeto, está implicado en sus propias contradicciones e ideas multívocas y equívocas, su pintura se va modulando en una combinación de emociones que parten de su relación de odio enamoramiento, de la verdad del otro y del espacio inestable que nos rige a todos. La desfiguración es el eje en el que podemos pensar su diagrama y su poética.


El artista

Narrar la trayectoria de un artista como Manuel Centeno mediante el concepto de un diagrama constituido por tiempos cronológicos y lógicos nos adentra en una serie de diversas circunstancias por las cuales eligió ser pintor.

Su obra, en términos filosóficos, debemos ubicarla desde un idealismo trascendental platónico, pues para él en el acto poético se desvanece el objeto artístico y el sujeto, lo que los trasciende es el enigma, y es bajo este postulado lo que le permite hacer a un lado forma y materia colocándolas fuera del circuito empírico. Al respecto, Centeno expresa: “Entonces nuestro interés no está en la obra sino en la opacidad que esta nos ofrece porque es sensible e inteligible como el mundo. En consecuencia, el montaje ensamblado por la opacidad en el arte es susceptible de crear emociones contrarias y contradictorias, efectos de un collage cosmético”.(1)

En su trabajo configurado por reactualizaciones del abstraccionismo geométrico lírico, producto de diversos procesos de racionalización, toma como modelo la pintura modélica y su paradigma. Sus códigos no son evidentes, mediante una extraordinaria organización compositiva incorpora el goce en la fabricación de iconos, enmascara la falta mediante simulacros apolíneos, los que en ocasiones pueden apuntar a ciertos rasgos dionisiacos. Presenta la angustia no sin objeto. En su búsqueda de una estética otra, diferente a la que legitima la convención, reconstruye el cubismo y plantea un modo distinto de abordarlo.

En la actualidad, como una actitud pospictórica, se halla un tanto alejado del circuito artístico; desde mi punto de vista pareciera que la radicalización de esta postura es una apuesta hacia un aniconismo, o quizás hacia un tipo de misticismo pictórico en el que prácticamente plasma sus imágenes en el lenguaje escrito.

El efecto nihilista en su pintura lo concibe como análogo a las tecnologías del capitalismo en las que impera la generación del desecho. En ese sentido se produce un caos deleuziano en la génesis de su pintura como un intento fallido. Esta aguda crítica a las modalidades del consumo y el desperdicio nos adentra en la decadencia y desencantamientos actuales. Emplea el acrílico como un referente del régimen de la instantaneidad.

Pensar al sujeto desde sus semblantes, suponerlo e inventarlo me conduce desde un archivo inexistente pero probable a separarme en un primer nivel de la fuente histórica que legitima al individuo sólo en términos históricos o sociales. En lo particular, me interesa internarme en la ubicuidad del deseo del artista por serlo, me implica ficcionar una topología.

Para Centeno, la obra pictórica tiene su ritmo y sonoridad, ejerce su potencia mediante la vía analógica. Seguir el camino discontinuo de su enrancia afectiva y equívoca es empezar a mirarlo más allá de los artificios plásticos.


Cronología

Legitimar al sujeto desde el enfoque historiográfico permite reconstruir los aspectos afectivos que validan este relato, así como la posibilidad de interpretar un diagrama sobre la obra. Manuel Joaquín Arturo Centeno Bañuelos nació en la ciudad de México en 1950; estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. En su amplia y reconocida trayectoria ha participado en exposiciones colectivas e individuales en las galerías Kin, Oscar Román, OMR y José María Velasco; en museos como el Palacio de Bellas Artes, Polyforum Cultural Sequeiros y Universitario del Chopo, entre otros. En el extranjero ha exhibido en el Würth Eine Sammlung, Museo Würth, Künzelau, Alemania, y en Canes Sur Mer, Francia.

En su desempeño como funcionario del Instituto Nacional de Bellas Artes ha sido museógrafo, curador y jurado, así como comisario de muestras colectivas nacionales e internacionales. En su obra abordó el expresionismo de la Escuela de Nueva York e incursionó, a lo largo de la década de 1990, en el cubismo. Aun cuando prevaleció el informalismo, decidió radicalizar su posición mediante la geometría lírica. De la denominada Ruptura en México, se inspiró principalmente en las propuestas artísticas de los maestros Manuel Felguérez y Fernando García Ponce.


Topología

Poner en juego otro orden de ideas para realizar una aproximación mediante el modo en que pueden operar simultáneamente o no las identificaciones y desidentificaciones en la vida de un artista nos permite comprender porqué para Manuel Centeno no hay mejor camino para la creación que los afectos.

Desde muy joven tuvo acceso a textos de Federico Nietzsche y a la música de John Lennon, que más tarde influirían en la conceptualización de sus obras y en sus reconstructivas formas de pensar. Esta influencia tiene que ver más con la forma poética del pensamiento de Nietzsche que con sus contenidos conceptuales, y con el vínculo y atrapamiento de un sonido o de una voz, en el caso de Lennon. Su potencia y efectos constituyen el acto creativo en su obra que no es alcanzable ni por la explicación ni por la descripción, pues es el acontecimiento que introduce el enigma de la poiesis. En 1990 presentó en la Galería Kin In Memoriam: John Lennon, con obras como Juegos mentales, Karma instantáneo y Revolución 9, entre otras.

Uno de los abordajes teóricos que más lo han seducido es el que proviene del psicoanálisis. El filósofo Alan Badiou es una de sus principales influencias en este campo. El concepto de la falta en el sujeto y el vacío son una constante en su pintura, por lo cual le atrae de manera especial la fabricación de iconos. En su arte abstracto trabajaron cadenas de ideas de esa desfiguración.

Su pintura evoca y convoca hacia una postura racional apolínea; no obstante, como una especie de contradicción, este racionalismo le plantea un territorio otro, el de la locura desde donde también ejerce la simbolización.

En la actualidad, la abstracción en todas sus modalidades puede considerarse como una manifestación clásica. Para Centeno, aun cuando lo reconocible es puesto de lado, por muy abstracto que sea el arte pictórico no se sustrae a las relaciones analógicas, su pintura que enmascara un aniconismo cubre y descubre en el sentido heideggeriano de alétheia, planteando los problemas de hacer distinto en cada interpretación la diferencia como en todo proceso.

Incluso buscando desidentificarse de su imagen de funcionario, entre 2001 y 2003 se presentó como Arturo Bañuelos, en un juego en el cual considera el nombre constituido desde el sujeto y no sólo el concepto de Manuel Centeno. Desde esta topología, el decir del otro es finalmente lo que uno se imagina de un artista.

Lo azaroso de la existencia rompe con el supuesto de un destino desde este sitio del “habrá sido”, donde el pintor arranca de un deseo inscrito en el lugar del pasado y está en realidad en el tiempo futuro; por ello, quizás debamos narrar una trayectoria más como un “habrá sido” en su sentido de inversión, y habrá como pasado y sido como futuro, pues pensamos en el tiempo lógico que se realiza por el deseo.

En los últimos tiempos se ha sentido atraído por los semblantes actuales derivados de un mundo sumamente tecnologizado e inmerso en simulacros del que se avizora un caos virtual. Sin alejarse de la pintura reflexiona sobre esto, afianzando aún más su nihilismo estético.

 

Nota

1. Ponencia presentada el 2 de julio de 2009 en la Academia de Arte Emergente y Nuevas Tecnologías del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas.

 

Manuel Centeno Bañuelos
Juegos mentales
1990, acrílico sobre tela.
Imagen utilizada para la muestra Manuel Centeno.
In memoriam: John Lennon
, galería Kin, ciudad de México, marzo de 1990.
Invitación para muestra
en la galería Oscar Román,
ciudad de México, marzo de 1993.

Manuel Centeno Bañuelos
No hay más fruto que el nuestro
1996, acrílico carbón/macrocel.
Invitación para la muestra en la galería Oscar Román,
ciudad de México, agosto de 1996.

Arturo Bañuelos
Manual de Pintura y caligrafía
2001, acrílico sobre tela.
Invitación para muestra
en la galería Oscar Román,
cuidad de Méxco, enero de 2002.