|
|
La colección de Eugenio
López:
¿promoción o elitización?
Sin pretender realizar una
invectiva a la Colección Jumex, el autor del presente trabajo
pone en tela de juicio los datos que arrojan la lectura del discurso
oficial, las “firmas” del acervo y las exposiciones.
Al tratarse de una colección privada, su dueño tiene
total derecho de hacer lo que quiera con su dinero, pero al ser
un acervo con acceso al público en general y por considerarse
una de las pocas iniciativas de promoción de arte contemporáneo
tiene, en consecuencia, un impacto social. Se trata únicamente
de una “predicción” de lo que podría suceder,
en aras de buscar a futuro alternativas de difusión, promoción
y gestión de arte contemporáneo.
• • •
JAIME A. ALDARACA FERRAO
• ESTUDIANTE DE LA LICENCIATURA
EN HISTORIA DEL ARTE
Universidad Iberoamericana, México
jaldaracaf@gmail.com
El 3 de marzo de 2001, en Ecatepec, Estado de México,
fue inaugurada la Colección Jumex. Así, de manera
“filantrópica”, la empresa Frugosa S. A. de C.
V. creó un espacio de exhibición como un oasis en
medio de un desierto cultural conformado por la zona industrial.
A través del presupuesto brindado por el corporativo de Jugos
Jumex y la ayuda de la historiadora del arte Patricia Martín,
el empresario Eugenio López se “deshizo de una colección
inicial de artistas de los 80, para componer una representación
de arte postconceptual internacional, con algunos antecedentes entre
los años 60”.(1)
Mediante un corpus variopinto, la colección
comenzó a navegar con la bandera de formar “una visión
del arte contemporáneo que integre obras de artistas mexicanos
e internacionales, jóvenes y establecidos”,(2)
de entre los cuales figuran firmas consagradas en la década
de 1990, de la talla de Maurizio Cattelan, Doug Aitken, Olafur Eliasson,
Thomas Demand, Gabriel Orozco, Francis Alÿs y Douglas Gordon.
De igual manera, Eugenio López continúa comprando
obra de artistas como Santiago Sierra, Gabriel Kuri, Malanie Smith,
Sofía Táboas, Pablo Vargas Lugo y Minerva Cuevas.
Con un acervo de más de mil cuatrocientas obras, en una galería que cuenta con mil cuatrocientos metros cuadrados de impecables paredes blancas, el programa curatorial procuró tres líneas de acción: uno, realizar un proceso reflexivo de las problemáticas y conceptos de nuestra contemporaneidad mediante un corpus discursivo; dos, crear una lectura y mostrar la visión “retroalimentaria” por medio de un curador invitado, y tres, comisionar y respaldar nuevas obras para ser exhibidas con las más recientes adquisiciones.
Efectivamente, en la corta existencia de la Colección sus encargados han intentado mantener vivo y dinámico el acervo, a través de lecturas y relecturas del corpus, a cargo de los curadores de planta e invitados con exposiciones como La teoría del ocio, Matando al tiempo y escuchando entre líneas y La colmena; así como mediante préstamos intermuseísticos nacionales e internacionales al Antiguo Colegio de San Ildefonso y al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires y con la exhibición de obras comisionadas y de reciente adquisición.
Lectura del discurso oficial
Hasta este punto, los propósitos de la palabrería
oficial proponen y exponen una situación bastante funcional.
Sin embargo, el acervo, la ubicación del espacio arquitectónico
y las exhibiciones hablan por sí mismas. La colección
no arroja datos innovadores ni arriesgados, ya que en su mayoría
está conformada por firmas reconocidas y legitimadas. Si
el corporativo juguero busca el prestigio global y la equiparación
mundial, la única manera de conseguirlos es por medio de
un corpus global. La compilación de obras no obedece
a lineamientos localistas ni regionalistas. Por una parte, esta
característica pone la producción nacional al nivel
de la internacional, empero, en aras de una globalización,
los tópicos nacionalistas se vuelven un inconveniente, un
obstáculo: desemboca en un desdén a las obras, que
por temáticas nacionales, locales y hasta incendiarias, no
son menos importantes.(3)
La configuración y articulación de
la Colección Jumex confluye en mostrar al arte contemporáneo
en su vertiente emblemática: exhibir el buen gusto y vanguardia
de la empresa. De esta idea resalta la "bofetada con guante
blanco" que Dan Cameron propinó a la institución.
En La teoría del ocio, exhibición que curó
como invitado, mostró esta característica consonante
a la colección: “Cierto sector de los líderes
políticos y de negocios del país, cuando no se encuentran
ocupados en conquistar naciones o formar monopolios, tienden a acumular
colecciones de arte, en parte como emblema de su posición,
pero también con fines de contemplación y para mostrar
su buen gusto.”(4)
De este análisis se deduce que la vocación
de la Colección Jumex es emblemática y globalizante.
De alguna manera, la colección de Eugenio López Jr.
ha solventado la carencia de difusión del arte contemporáneo
que ha sufrido nuestro país durante éste y los anteriores
sexenios: mediante compra de obras, exposición de las mismas
y apoyo a las nuevas creaciones. Partiendo de que la promoción
de arte contemporáneo no debería sólo correr
por cuenta de la iniciativa privada y que las instituciones públicas
se han mostrado flojas y poco perseverantes (hasta casi indolentes),
es una loable labor la que Jumex ha efectuado al formar una de las
colecciones más importantes del continente y al destinar
parte de sus fondos al financiamiento de proyectos de artistas y
curadores. Sin embargo, deja entrever una franca intención
mercantil de la compañía: una inversión a largo
plazo, que hasta la fecha ha redituado en prestigio internacional
del consorcio.
Me explico en otras palabras: se asume que, en general, la obra de arte contemporáneo en sí misma no genera ganancias, entonces son los eventos periféricos a la misma los que producen utilidades, por ejemplo: el préstamo de acervo a diferentes instituciones y los talleres formados en torno a las exposiciones de la propia Colección Jumex.
A pesar de que el discurso oficial propone la ubicación
del espacio museístico en la periferia, con el fin de transgredir
la geografía cultural capitalina –en palabras de la
nueva directora: “se busca un diálogo cercano con el
público local […] la colección de arte contemporáneo
más importante de Latinoamérica debe […] estar
al alcance de todos”–,(5)
el objetivo de recepción no son los oriundos del municipio
de Ecatepec. Sin afanes reduccionistas, el público de la
Colección Jumex se puede encasillar en un grupo muy comprimido,
que va desde la elite académica-intelectual hasta una elite
económica de la zona metropolitana de la ciudad México.
Si mal pensamos, este proceso de promoción cultural con cara de generosidad podría tender a sobre-elitizar al arte contemporáneo: dado que la colección es una de las pocas opciones de arte contemporáneo, su tendencia es exógena, a nivel de las grandes colecciones internacionales, y que la selección de acervo esencialmente muestra la parte emblemática del arte contemporáneo hacia el exterior, el discurso oficial deja entrever que la colección sobrepone la cuestión de poder sobre las necesidades socioculturales que siempre ha pregonado en los discursos.
Cabe plantearse la pregunta sobre la elitización
del arte: ¿rechaza su propia esencia? Para quienes deseamos
difundir y promover el arte contemporáneo entre diferentes
públicos, mostrar una distinta gama de vertientes y sus diversas
funciones –más allá de mera hegemónica
emblemática– la respuesta es sí. Considero que
hasta la fecha, tanto la iniciativa privada como la pública,
no han explotado el campo del arte contemporáneo donde afloren
las posibilidades de esparcimiento y aprehensión. ¿Querrá
Jumex que este espacio, dedicado en exclusiva al arte contemporáneo,
sea un centro incluyente o un recinto “pretencioso-intelectual-selecto-fragmentador”?
Como dijo el famoso cronista Chava Flores: “Si algo pregunté,
le ruego la respuesta me la dé.”
Notas
1. Cuauhtémoc Medina, “Jumex: La
apuesta del poder simbólico”, Reforma, México,
D.F., 7 de marzo de 2001.
2. http://www.jumex.com.mx, consultada el 21 de marzo de 2006.
3. Un claro ejemplo se concretiza en la sustancial
obra de Gómez Peña. A pesar de que el artista ha sido
legitimado por el sistema, la Colección Jumex carece de sus
obras.
4. Dan Cameron, “La teoría del ocio”, texto interno redactado por el curador, archivo de la exposición.
5. René Miranda, “Conversación con Abaseh Mirvali”, Arte al día, año 3, núm. 26, marzo 2006.
|
|