Centro Nacional de las Artes | Revista Digital del CENIDIAP | Número 3 | Marzo-mayo 2002
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DEL TEMPLO AL MUSEO / La dualidad de estilos en Montenegro |
Esperanza Balderas Sánchez / Investigadora del CENIDIAP |
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La obra de Montenegro en el excolegio de San Pedro y San Pablo de la Ciudad de México es una muestra expresiva de los cambios que el pintor fue imprimiendo a su estilo en diferentes épocas, así como de su interés por la cultura popular, retratada en sus obras
Palabras clave: Art Noveau, vitral, muralismo, artesanía mexicana
El Jarabe Tapatío. Vitral, 1921. Vitral de 6.80 x 3.60 m. Ubicado en el excolegio de San Pedro y San Pablo.
El rescate del patrimonio artístico y sus diversas manifestaciones no es exclusivo de nuestro tiempo. En 1921 José Vasconcelos, rector de la Universidad, propuso como parte de su proyecto de trabajo la construcción y restauración de algunos edificios con el objetivo de mejorar la calidad en la educación universitaria de la Ciudad de México. Uno de ellos, el excolegio de San Pedro y San Pablo, anexo de la preparatoria, fue objeto de diversas intervenciones. La Secretaría de Educación Pública, en su boletín de septiembre de 1922 publica en un informe detallado las anomalías restauradas: "Dichas obras han permitido utilizar el antiguo cuartel para escuela. Todos los techos que estaban destruidos fueron reparados. Se pusieron pisos y puertas en casi todos los departamentos y todo el patio interior fue reconstruido". Más adelante, en el mismo boletín se reseña la apertura del recinto que nos ocupa: "Con el nombre de ‘Sala de las conferencias libres’ fue inaugurado en octubre, el día del centenario de Dante, el local de la antigua iglesia de San Pedro y San Pablo. La iglesia llevaba muchos años de estar convertida en cuartel, y habiendo pasado a depender de la SEP, en mayo de 1921, por acuerdo expreso del ciudadano presidente de la República, se procedió a limpiar las paredes que se encontraban ennegrecidas y a construirle pisos."(1) Pero, ¿cómo se transforma la iglesia en edificio laico? La historia del recinto es muy antigua, su fundación se debe a la orden de los misioneros jesuitas a su llegada a México en 1575. Apoyados en donativos civiles iniciaron la construcción del conjunto arquitectónico denominado el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo. El templo, parte fundamental del convento, se empezó a construir dos años más tarde y se concluyó en 1603. Permaneció bajo el mando jesuita hasta la expulsión de la orden durante el virreinato en 1767.(2) A consecuencia de ello el templo fue perdiendo sus retablos y tesoros poco a poco, hasta que, a finales del siglo XVIII, se convirtió en monte de piedad y cuartel. En 1824 se instaló en el templo el Congreso Constituyente y fue cerrado al culto religioso definitivamente. A mediados de ese siglo ocupó el lugar la biblioteca de San Gregorio, y más tarde, en 1877, se convirtió en Colegio Militar, y en almacén de aduana. De 1884 a 1886 un ruidoso café cantante ocupo el recinto; más tarde en el siglo XX, fue convertido en casa para dementes, y después escuela correccional. Por último durante la Revolución, en 1910, se convirtió en caballeriza y cuartel."(3) El artículo comenta que la capacidad del recinto rebasaba las cuatro mil personas, y se extiende: "Para la decoración se ha adoptado el estilo antiguo colonial mexicano (sic.) y quedó encomendada al artista don Roberto Montenegro, que ha inaugurado ya dos hermosos vitrales que representan, una la danza y otro el comercio. Aparte de los vitrales se ha construido un alambrín de azulejos de estilo antiguo, ejecutado en las fábricas de cerámica de Aguascalientes y Puebla, conforme a dibujos de Montenegro, Jorge Enciso y Gabriel Fernández Ledesma (sic.). La decoración del muro central y del friso es también obra de Montenegro, y de todo ello pueden dar una idea los fotograbados que enseguida aparecen."(4) Gracias al artículo citado y a las imágenes publicadas es posible confirmar que toda la decoración estuvo terminada a finales de 1922. Clementina Díaz y de Ovando señala en su estudio sobre el Colegio que "siendo rector de la Universidad, Rodolfo Brito ordenó la restauración del mural que se encontraba muy destruido"(5), por lo que invitaron a dos alumnos de la escuela nacional de artes plásticas a realizar esta tarea. En ese año Roberto Montenegro participa en la comisión docente de la SEP como jefe del departamento de Bellas Artes y expone en colectivas. Su presencia en el ámbito cultural no debió pasar desapercibida para solicitar su asesoría o participación al intervenir la obra. El mural fue alterado totalmente en su parte inferior, el conjunto de mujeres y el hombre que actualmente se observan en el mural fueron prácticamente repintados; no sólo se les adecuó indumentaria que cubriera su desnudez sino que en algunos casos se modificó el movimiento corporal y se añadieron o quitaron objetos cuya significación dieron en su momento coherencia a la composición. Montenegro declaró no estar de acuerdo con la restauración, por lo que se negó a firmarlo. La idea de Vasconcelos de instaurar una sala de discusiones para el uso de los alumnos de la preparatoria tenía también la intención de usarlo para beneficio del pueblo como sala de proyecciones cinematográficas. El boletín de mayo de 1922 comenta: "Los pintores pronto estarán en condiciones de ofrecer al público los resultados de sus trabajos"(6). La nota se refiere al supuesto encargo a Montenegro y Jorge Enciso, cuya responsabilidad, se sabe, fue del primero y sus colaboradores, Gabriel Fernández Ledesma, Xavier Guerrero, Hermilo Jiménez y Nicolás Guerrero. El mural, ubicado en la pared que originalmente ocupó el retablo principal, aborda el tema dado por Vasconcelos: "Acción, supera al destino: ¡Vence!". La frase de J. W. Goethe responde al interés que mantenía en ese momento el rector ante la obra del literato alemán, y del que más tarde se expresará despectivamente en sus memorias: "En el ábside de esta exiglesia inició Montenegro el movimiento de pintura mural que después trascendió más allá de la nación y es hoy práctica norteamericana. La obra, sin embargo, adolece de pobreza del asunto. No hallábamos qué representar y di al pintor como tema una tontería goethiana ."(7) La creación del primer mural que dio pauta al movimiento nacionalista generado mas tarde por Rivera, Orozco y Siqueiros bajo el mecenazgo de Vasconcelos, fue prácticamente olvidado por varios años. El desinterés mostrado por el ministro posiblemente motivó el abandono y la poca o nula divulgación de todo el recinto, que fue utilizado como oficina de la campaña contra el analfabetismo, anexo de la Academia de San Carlos, almacén de libros, aula para clases de canto y, finalmente, Hemeroteca Nacional, inaugurada en 1944, fecha en que se llevó a cabo la primera restauración del mural ya descrita.
El Árbol de la vida o de Ciencia. 1921 después de la restauración de 1944. Mixta temple hoja de oro, encáustica. 11 x 9.50 m. Ubicado en el templo del excolegio de San Pedro y San Pablo.
El Árbol de la vida o de la ciencia El pintor se ciñe a las ideas del autor intelectual, Vasconcelos, aunque también, como anota una revista anónima, "corresponde a sus sueños de artista que desde hacía tiempo venía recomponiendo en su imaginación: una alegoría de las horas con el sentido trascendental que tienen en la vida humana".(8) El artículo, publicado posiblemente a finales de 1925, se localizó en los archivos de la familia de Montenegro y reseña varios de los murales del pintor creados hasta ese año. El tema del mural, el árbol, coincide con el simbolismo de la mitología nórdica y también con el de la francmasonería. La primera, denomina Yggdrasil o árbol del mundo a esta figura, sus ramas y follaje suelen estar poblados de animales mitológicos y ánimas de difuntos o nonatos, a menudo representados por pájaros; el Yggdrasil hunde sus raíces en el corazón de la tierra, donde se halla el infierno. Para la segunda "…el Árbol de laurel se conserva siempre verde y alude a la naturaleza inmortal de la verdad. El árbol equivale al hombre, el árbol de la vida, de la ciencia, del bien y del mal cargado con doce frutos simbolizando las horas, representadas por mujeres. El árbol corresponde a los brazos, las raíces a sus pies, el tronco a su cuerpo y las hojas a sus vestidos. Pero el árbol, también es símbolo esencial de esa tradición y corresponde a la vida del Cosmos, a la inmortalidad. El árbol representa a la muerte, siempre vencida por el renacimiento de la vida, y expresa la idea de la vinculación entre los dos aspectos cósmicos: lo subterráneo telúrico y lo celestial. El hombre árbol es el prototipo de Zoroastro revelador de la ley y manantial de todo bien, distribuye el esplendor, la luz y los días hermosos".(9) Tal vez por ello Montenegro lo representó desnudo en la versión original.
El Árbol de la vida o de la Ciencia. Fotografía tomada del boletín de la SEP. 1922.
El conjunto de las mujeres, pintadas por el jalisciense estuvieron unidas con el hombre por un velo fino, que fue borrado en el mural en la supuesta restauración de la década de los cuarenta. La frase Ommes vulnerant, ultima necat (todas hieren, la última mata) refiriéndose a las horas, fue utilizada con frecuencia por el pintor en su obra gráfica y coincide con la imagen de la mujer con arco y flecha apuntando al hombre. Esta arquera modernista simboliza la energía vital, la velocidad y la muerte, movimiento capaz de saltar los límites establecidos. Las Horas o estaciones son diosas de origen helénico, hijas de Júpiter y de la justicia, a las que los griegos dieron el nombre de horai, Homero las consideró diosas de la temperatura, encargadas de abrir las puertas del cielo para dejar caer la lluvia y formando coro con las tres gracias: Aglae Luz, Eufrosina Alegría y Thalía Placer, reunidas con las diosas Hebe, Venus y Armonía. Todas ellas son representadas completamente desnudas o ligeramente vestidas con graciosa sencillez, entrelazadas con las manos y danzando en alegre rueda con los cabellos sueltos. Las tres gracias son representadas por jóvenes hermosas, esbeltas, de puro y virginal rostro, cara sonriente, boca pequeña, estrecha cintura y formas delicadas",(10) características que coinciden con las mujeres estereotipadas que Montenegro adoptó bajo la influencia de Beardsley, el dibujante inglés, el más representativo del Art Nouveau, y cuyas imágenes transportó a la composición del mural. La única mujer de tez morena, ataviada con diseños propios de los textiles michoacanos patentiza la pasión del pintor por las artes populares y las artesanías mexicanas. La nave decorada con motivos vegetales, algunos parecidos a las orlas usadas en la artesanía michoacana, armonizó en su momento con las imágenes concebidas por el artista.
Los vitrales Los temas nacionales, el tratamiento pictórico e iconográfico empleados por Montenegro en los vitrales, contrastan notablemente con el mural, pero la ubicación de los mismos reduce la evidente contradicción de estas obras; El Jarabe Tapatío y La señora de los pericos, títulos con los que se conocen, han sido motivo de interés por su obvia relación con el Muralismo nacionalista impulsado por Vasconcelos. A diferencia del mural La Danza de las horas, o El Árbol de la Vida y de la Ciencia, que ha permanecido inédito incluso hasta la publicación del libro de la doctora Julieta Ortiz Gaitán, en 1994, los vitrales fueron fotografiados desde su inauguración y publicados en revistas de divulgación de la cultura en varias ocasiones, como es el caso de Azulejos, Revista de Revistas, etcétera.
La señora de los pericos (detalle). 1921. Vitral de 6.95 x 3.55 m.
La señora de los pericos. En este vitral ubicado al oriente de la nave del templo destaca la imagen de una vendedora de pericos y guacamayas entre los tonos azules del cielo y del mar. Es de formas alargadas y rasgos criollos; también es morena, de figura elegante, vestida con múltiples legajos de tela, como las venecianas de 1915 del Montenegro aguafuertista y dibujante. La figura permanece atenta a la mirada de los vendedores que reseña el pintor en el más deslumbrante colorido, memoria de Mateo el Negro, su obra de caballete más difundida, pintada en 1919, en Palma de Mallorca, España. Los personajes cotidianos de un mercado en la antigua provincia cargan parte de sus mercancías y exhiben así formas, colores y texturas que aprovecha el pintor para conformar una deslumbrante escena nacionalista. El proyecto de Montenegro fue fielmente respetado por Enrique Villaseñor, pintor y vitralista, obteniendo los resultados que se pueden observar hasta hoy, los vitrales, aunque restaurados, conservan la belleza de la primera factura, la línea ondulante y alargada característica de toda la obra del jalisciense, que armoniza formas y colores para el disfrute del espectador.
La señora de los pericos. 1921. Vitral de 6.95 x 3.55 m.
El Jarabe Tapatío Al poniente en el crucero de la nave, y frente a la señora de los pericos, se muestra una pareja con el atuendo nacional de la china poblana y el charro originario de Jalisco, la tierra de Montenegro, la sencilla imagen corresponde a la fiesta tradicional mexicana de esa época, en la que participan músicos con sus instrumentos, arpa y guitarra. Las líneas sensuales propias del Art Nouveau nos ofrecen el movimiento del baile, los músicos interpretan mientras el dúo baila, se mueve. Los motivos ornamentales utilizados por Montenegro remiten a la escenografía que diseñó en 1920 para una obra de teatro, en la que utilizó platanales y palmeras. Los personajes que admiran el baile completan la fiesta de color y formas en las que incluye Montenegro la cúpula de una iglesia colonial y una calle "evocación a la poesía de nuestra provincia", según escribe Julio Torri. El conjunto arquitectónico y plástico del templo resulta contradictorio e híbrido, debido a la distancia cronológica de la creación de las obras y su función específica. Bajo esta mirada histórica, retrospectiva, no podemos olvidar los elementos de la cultura mexicana que la han conformado y que continúan transformándola, ahora en un museo de ciencia, el Museo de la luz, custodiado por la Universidad Nacional Autónoma de México y ubicado en el corazón de la Ciudad de México.
Notas 1. Boletin de la Secretaría de Educación Pública. Tomo I Num. 2. lo septiembre de 1922. p.315. 2. Acevedo Esther, Ramírez Fausto. Guía de Murales del Centro Histórico de la Ciudad de México. UIA CONAFE. México,1984. p 45. 3. Anónimo. Restauración del Antiguo Templo de San Pedro y San Pablo. UNAM, 1996. p.18-21. 4. Ibidem. 5. Díaz y de Ovando, Clementina. El Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo. IIE UNAM México .1951 p. 6. Boletin de la SEP, t.I, núm I, l de mayo de 1922, p. 484. 7. Vasconcelos, José. La Tormenta. El desastre Memorias I y II México FCE, 1982 p.26. 8. Revista Anónima, ca. 1925 archivo Montenegro. 9. Diccionario Enciclopédico de la Mazonería. Editorial Valle de México. 1977. p.119, 567, 570. 10. Ibidem.
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