25 años del Taller Libre de Grabado Mario Reyes

Carlos Monsiváis

Que sea muy inusual el reconocimiento al jefe de un taller de grabado no es sino otra de las injusticias del medio. En el caso de estos artistas de excepción, que nunca son muchos, lo suyo, su oficio, su maestría, su modestia se da por sentada, no es asunto que llame la atención porque el grabador que no firma, que ayuda, realiza, escucha, se le considera, para desentenderse de él, artesano. Sólo se le aprecia en el medio y quienes contemplan el resultado final suelen imaginárselo, si a eso le conceden un minuto como un accidente feliz de la obra.

Un día de trabajo de Mario Reyes: llega el artista en turno y el jefe de taller, de inmediato, como reacción condicionada, examina su estilo y su temperamento y busca adaptarse. Los clientes, los amigos, los artistas, pueden ser volcánicos o apacibles, inquietos o pétreos, exuberantes o introvertidos, y Mario, psicólogo a la fuerza, necesita reconocerlos con detalle porque su forma de ser se traducirá o se verterá en el acto creativo... El grabado es, aunque ese conocimiento no es muy difundido entre nosotros, una proeza técnica, y deben prepararse y pulirse las placas, y depositar el barniz, en espera de que el artista haga su diseño y se enfrente al espacio que poblará de formas.... Es una tarea larga, silenciosa o conversada, en donde importa compartir el ánimo y la curiosidad, la autocrítica y la crítica en donde Mario Reyes es para cada grabador el público, el crítico, el artista complementario.

¿Cómo describir los 15 años de su Taller Libre de Grabado? En ese tiempo Mario Reyes ha construido un prestigio sólido, ha desarrollado su propia y excelente obra, ha contribuido vastamente al trabajo de muchos otros artistas, ha impulsado el reconocimiento general de que hoy gozan las artes gráficas en México (Catálogo de exposición: 25 años del Taller Libre de Grabado Mario Reyes. Museo del Palacio de Bellas Artes, México. 1990)